Mantua y Sabbioneta

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Llenas de encanto, arte e historia, Mantua y Sabbioneta han sido incluídas en la World Heritage List de la UNESCO en 2008. Las dos ciudades tienen en común la herencia dejada por el señorío de los Gonzaga que cuenta con magníficos centros del Renacimiento italiano y europeo: Mantua encarna el modelo evolucionado de la ciudad renacentista, constantemente renovada entre los siglos XV y XVI con intervenciones de ingeniería hidráulica, urbanística y arquitectónica; Sabbioneta, por su parte, construida completamente nueva, es uno de los modelos de referencia de la Ciudad Ideal propuesta por el Humanismo.Mantua vista aérea foto Roberto MerloMantua
Aristocrática, llena de arte e historia, en medio de un ambiente de extraordinario valor natural, Mantua fue transformada por los Gonzaga (1328-1707) en una ciudad-corte de enorme esplendor.
La ciudad ofrece en cada uno de los rincones de su casco histórico testimonios de su prestigiosa historia y de sus ricas tradiciones: pórticos, plazoletas y patios, lugares encantadores que nos transportan a los esplendores de las cortes del siglo XVI.
Los palacios renacentistas que alternan edificios medievales e imponentes arquitecturas neoclásicas, son los monumentos que testimonian el creativo dinamismo de los Gonzaga y de su dominio.

El Palacio Ducal, residencia principal de la familia, es una auténtica ciudad-palacio, con más de 500 salas, unidas por pasillos, patios internos y jardines. La parte más antigua está formada por el Palacio del Capitán y la Magna Domus, que se asoman a la Plaza Sordello  centro de la ciudad con la cercana Plaza de las Hierbas. En el Castillo de San Jorge, del siglo XIV, se sitúa la sala más famosa de todo el Palacio Ducal: la Cámara de los Esposos, decorada con frescos realizados entre 1465 y 1474 por Andrea Mantegna y considerados una de las obras maestras absolutas de la pintura italiana del siglo XV.

Las maravillas arquitectónicas de la ciudad se suceden una tras otra, iniciando por la Catedral, del siglo XI, que presenta varios estilos arquitectónicos: el románico del campanario, el gótico tardío del lado derecho, el neoclásico de la fachada y el renacentista de la decoración interior.

Son magníficos el Palacio Obispal, el Palacio de los Uberti, el Palacio Castiglioni, el Palacio de la Región y la adyacente Torre del Reloj, la Casa de Mantegna y el templo de San Sebastián, obra de León Battista Alberti.
En la zona oriental de la ciudad, inmerso en el verde, se encuentra el Palacio Té grandiosa villa comisionada en 1525 por Federico II Gonzaga a Giulio Romano, que realizó, con la ayuda de sus colaboradores, también la rica decoración interna. Las salas de la morada (que Federico quería usar como lugar de ocio y descanso) toman el nombre de los frescos que las caracterizan: la más famosa de las cuales es la Sala de Psique, una de las obras maestras del manierismo europeo. De gran impacto son las Sala de los Caballos y la Sala de los Gigantes, donde se representa la rabia de Júpiter contra los Titanes que habían osado escalar hasta el Olimpo.

Sabbioneta
Una pequeña joya urbana de valor inestimable es Sabbioneta, nacida del ideal humanista de Vespasiano Gonzaga (1531- 1591), príncipe iluminado seguidor de Vitruvio. Esta localidad ideal fue edificada en la segunda mitad del siglo XVI, basándose en el modelo de las antiguas ciudades del mundo clásico.

Vespasiano quería hacer una ciudad del arte y de la cultura, una especie de pequeña Atenas, pero con su muerte inició rápidamente la decadencia del lugar, quedó deshabitada pero inmutada a lo largo de los siglos con todos sus monumentos. Hoy en día Sabbioneta conserva intacta su estructura urbanística, rodeada de murallas y refinados edificios renacentistas y cuenta entre sus piezas de interés con las puertas de acceso Imperial y De la Victoria, la Galería de los Antiguos y la Plaza de las Armas, el Teatro Olímpico proyectado por Vicenzo Scamozzi y decorado con frescos por Paolo Veronese, la iglesia de Santa María Asunta, el Palacio Ducal y el Palacio Giardino.

Mantua en bici
Mantua y los alrededores están dotadas de largos y bien cuidados carriles bici, que permiten explorar practicamente todo el tejido urbano y extraurbano. Gracias al servicio de bikesharing se pueden alquilar bicicletas practicamente en cualquier parte.

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